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miércoles, 8 de diciembre de 2010

SUEÑOS DE FUGA




“Es medianoche… estoy famélica, no he comido ni una migajita de pan, tengo frío, mi trasero está adolorido de tanto rebotar en el caballo y estamos en medio del bosque oscuro y tenebroso… pero estoy FELIZ!!!!

Mi amado acudió a mi rescate y luego de una, digamos, muy adolorida huida, estamos juntitos, él, yo y Cuchulito… no es fantástico??

¿Qué? ¿No les conté como llegamos aquí?... Bueno, cómo son!! No dejan que me regodee viendo a mi amado pasar las de Caín para encender la hoguera, al parecer no fue un niño explorador en sus años mozos… me imagino lo que diría la guerrera de las habilidades campísticas de mi Príncipe…

Aún no se cómo Adalberto “El infame Enano Maldito”, descubrió mis planes de fuga, pero no quepa la menor duda, ¡el momento de mi venganza llegará!!!!! Total, todo buen culebrón romántico que se respete, tiene a un vil villano que le hace la vida a cuadritos a la delicada y candorosa doncella… o sea a míiiii.

En el capítulo anterior, me encontraba a mitad de mi descenso de la torre. Estaba segura que Cuchulito y yo lograríamos escapar, pero de pronto nuestra precaria soga (hecha del más fino algodón egipcio, así que precaria pero no barata… ante todo el estilo nenas!!), como decía… de pronto nuestra precaria soga se desprendió de su asidero y caímos al vacío. Como por mis venas no corre ni una mísera gota de sangre felina y tampoco soy pariente de Gatúbela, estaba segura que luego de estrellarme contra el pedregoso y cada vez más cercano suelo, tendrían que recoger mis huesitos fracturados y armarlos como rompecabezas 3D para poder hacer una identificación al mejor estilo de CSI (en lo personal me gusta más Las Vegas que Miami).

Mi sorpresa y alegría no fueron pocas al ver que habíamos sobrevivido a la aparatosa caída y que no yacía sobre el duro suelo, sino sobre mi adorado y en ese momento desmayado Príncipe.

Al parecer, mi amado salvador de algún modo logró enterarse de mis planes de huida, y fue a mi encuentro. Al percatarse del peligro que corría se precipitó velozmente y con los brazos extendidos para detener mi caída. La verdad sea dicha, no fueron precisamente sus brazos los que amortiguaron mi caída, pero no negarán que suena más romántico y emocionante que decir que le caí encima cual fardo de arroz de 50 kilos (kilitos más, kilitos menos, ¿quién los cuenta?), eso sin contar el morral con Cuchulito y la bacinilla de hierro que el enano maldito nos arrojó (Juro que me las pagas lagartija endemoniada!!!!).

El porrazo lo dejó fuera de combate y yo preocupada por su bienestar comencé a tocarlo ávidamente por todos lados… (¡No sean mal pensadas!! Que no estaba aprovechándome, sólo quería asegurarme que no había sufrido algún otro daño aparte de los 3 chichones que comenzaban a notarse en su bella cabecita).

Luego de mi concienzudo y extenso reconocimiento físico, pude comprobar que ese cuerpo de un metro ochenta y ocho centímetros de músculos firmes y bien desarrollados no había sufrido otras heridas y contusiones aparte de las que ya adornaban sus principescas sienes (¡Ay, Barbara Cartland! Qué difícil es seguir tus amados pasos…especialmente luego de leer a Tielle St.Clare… Smantha Kane… Carol Lynne…)


De pronto, de su adorable y muy apetitosa boca se escuchó un entrecortado murmullo, no sé si su falta de aliento se debía al impacto de mi caída o a que mi cuerpo de Sílfide (ya les advertí que como autora me tomaría algunas licencias literarias) estaba presionando ciertas partes (¡muy interesantes!) de su derrumbada anatomía.

Un débil “No te preocupes, mi bella, ya sé como salir de ésta” surgió de esos labios que una vez se adueñaron de los míos. Haciendo a un lado las luju… digo, las románticas evocaciones, esas palabras hubieran resultado tranquilizadoras de no haber sido dichas entre resuellos y débiles gestos. Al parecer el trauma encéfalo craneano sufrido a raíz de haberle caído encima, mantendría aturdido por un tiempito más a mi adorado tormento.

Obviamente, ver a mi amado en ese estado de total aturdimiento hizo que me preocupara sobremanera, pero también el contemplarlo indefenso, aturdido y totalmente a mi merced… ¡Alto! Se supone que soy pura… hum… casta… humm… y virginal… ¿ya les hablé de las licencias autorales, no?


Regresando a la cruda realidad de nuestra precaria situación, lo cierto era que mi “silenciosa” caída había despertado a medio castillo y ya se escuchaban los gritos desaforados de los guardias. Así que ahí estaba yo, con mi amado salvador a mis pies y fuera de combate, era imposible que lo cargara en mis hombros y huyera hasta perderme en el horizonte. Si fuera como la guerrera, la reencarnación de Hipólita la Reina de las Amazonas, lo haría con una sola mano y con la otra acabaría con medio regimiento espartano, pero cuando una es un modelo compacto y de bolsillo como su servidora (¿les dije que con las justas llego al metro y medio de altura?), el llevar el morral con Chuchulito dentro, es ya toda una hazaña.

Cuando pensaba que todo estaba perdido y que pronto seríamos apresados, mi héroe despertó de su letargo y tomando mi mano echó a correr hacia los árboles en donde esperaba su caballo. Partimos a galope tendido, alejándonos lo más posible del castillo y de los guardias que no tardarían en salir en mi búsqueda.

Galopamos silenciosos durante lo que parecieron horas. Para agregar un toque romántico a nuestra huida a la luz de la luna, podría decir que nuestro prolongado silencio se debía a mi natural timidez por encontrarme en brazos de quien me robó el corazón; pero para ser totalmente sincera, cuando intenté decir algo casi muero atragantado por un bicho kamikaze, así que, siguiendo los consejos de mi querida abuelita, mantuve mi boca bien cerradita.

Además, el Príncipe tampoco dijo esta boca es mía. Esta bien, OK, debo concederle que si fuera yo quien tuviera que sujetar a una doncella que da botes cual balón playero, esquivar (inútilmente) los mordiscos de un hambriento cachorro que al parecer confundía su principesca orejita con una galleta “Dog Chow”, todo mientras intenta evitar que el caballo se estrelle contra un árbol, tampoco tendría muchas ganas de recitar poemas y madrigales a mi amada.

Hacía ya mucho que no sentía mis reales posaderas cuando el caballo se detuvo en un pequeño claro en el bosque oscuro y tenebroso…
“Será menester descansar antes de proseguir nuestro camino…”

Escuché decir a mi Príncipe mientras me ayudaba a bajar del caballo. Debo decir que sentir sus manos rodeando mi cintura hizo que mi corazón latiera como una locomotora descarrilada… upss perdón, siglo equivocado, mejor lo dejamos en “carreta desbocada”… humm, sip, eso está más acorde con estos tiempos dizque medievales.

Mi cuerpo temblaba por la cercanía de su cuerpo y sobre todo por el calor de su mirada. Cuando estaba segura de que pronto bebería las mieles de sus labios, una ronca y amenazante voz gritó:

“¡Alto mozalbete! Será mejor que me entreguéis la bolsa, el caballo y la moza… humm tal vez no en ese orden pero seguro que disfrutaremos de las tres!
Un coro de ruidosas y más que vulgares risotadas se escucharon. Estábamos rodeados por una banda de malhechores armados hasta los dientes.

¡¿Es posible tener tan mala suerte?!!!!

Y a mí que ya se me terminó la lista de santitos a quienes encomendarme…

sábado, 26 de junio de 2010

El Gran Escape…


…o ¿Cómo no romperse la crisma bajando de una torre?

escalando la torre
En la oscuridad de la noche, una menuda silueta desciende lentamente por la pared de la torre más alta del castillo…
—Shhhhh, Cuchulito no hagas ruido y permanece quietito que aun nos falta bajar 15 metros más. Y estamos justo al lado de la ventana de tía Rebeca.

Se preguntarán qué hago a medianoche, colgada de la pared de la torre y con Cuchulito a cuestas.  Sólo les puedo decir que un amor insatisfecho y la amenaza de enviarte al remoto Convento de Santa Frígida del Silencio Perpetuo son incentivos más que suficientes para despertar la imaginación de una doncella, de por sí muy imaginativa…demasiado dirían algunos.

Luego que el infame pasquín de doña Zoila llegara a manos de tía Rebeca y que en el castillo estallara la de San Quintín, mi querida pariente, haciendo caso a la sugerencia de sor Ángeles, le encargó hacer  los arreglos para mi pronto traslado a la lejana abadía.  Antes que mi reputación fuera enlodada aún más. caida_escalera

Mientras los preparativos eran ultimados, fui encerrada –nuevamente- en mis habitaciones.  Adalberto, el Enano Maldito, era el encargado de llevarme los alimentos tres veces por día. Cada vez que venía no perdía la oportunidad de dedicarme miraditas socarronas y despectivas.  Por eso no sentí pena alguna cuando al segundo día de mi cautiverio se dio tal batacazo que cayó rodando por las escaleras hasta el primer piso… ¿habrá tenido algo que ver que le diera con la bacinilla de hierro en la cabezota?… naaaaa ese buchón tiene la sesera dura como una roca.

El hecho es que para hacer más trágico mi solitario confinamiento…

«Guau Guau grrr…»

… uy!! perdón Cuchulito, no quise ignorarte, es que eres tan chiquito… «grrrrrr…» -Está bien, está bien, deja de pelarme los dientes, no volveré a mencionar tu tamaño.  Hummm hoy si que estamos muy sensibles no??

En fin, como iba diciendo, al parecer NUESTRO solitario confinamiento se ponía cada vez peor.  Resulta que un virus virulento de catarro catarroso, decidió que no había mejor idea que anidar en este pechito, así que durante días me la pasé en cama, entre toses, estornudos y calenturas (por la fiebre alta!!! no sean mal pensados que ésta su servidora es aún doncella inocente). Así que mi imagen de delicada belleza se fue al tacho junto con los cientos de pañuelitos usados para detener RomeoJulietbyAnnieLeibovitz6el constante flujo de mi nariz, que para estas alturas estaba enorme y colorada… Gracias a Dios que mi príncipe no andaba cerca!!

Al tercer día de mi espantoso estado catarral, Lady Yadi la de la hermosa sonrisa y Lady Yura la de radiante cabellera, llegaron a mis habitaciones llevando consigo una copa con el más delicioso de los elixires.  Mi amado, enterado de mi lamentable situación, se las había ingeniado para contactar con tan valientes damas quienes pese al terrible riesgo que corrían al hacerlo, se habían ofrecido a traerme la pócima preparada por las manitos de mi Príncipe adorado.  Al ver la copa, pensé que había poción más que suficiente para beberla durante tres días, pero grande fue mi sorpresa cuando al acercarla me di cuenta que el contenido con las justas alcanzaba para llenar una cucharita de té…Lady Yadi debió intuir mi confusión porque se apresuró a decir que había tropezado en el escalón 52 de las escaleras…bueeeeno no importa, total un mal paso lo da cualquiera!

No se si habrá sido por los extraordinarios poderes curativos de la deliciosa copa…digo cucharita de pócima, o el hecho de saber que fue aquel que me quita el sueño quien había preparado personalmente el milagroso elixir, que al día siguiente amanecí mucho mejor y con renovadas esperanzas.

Pero qué poco me duraría la alegría.

Sor Ángeles vino  hoy muy temprano para decirme que tenía todo listo para partir mañana rumbo al  remoto convento.  Comprenderán que mi ánimo se tornó alicaído y triste, todo lo veía oscuro y gris, upss perdón, las cortinas estaban cerradas… Como decía, mi futuro no se veía muy promisorio que digamos.  Estaba a punto de tirar la toalla, pensando que no699x437-TW-ArmorTudor1g-sm-16 volvería a ver a mi amado Príncipe, cuando de pronto Cuchulito levantó las orejitas llamando mi atención –lo siento Lady Rossy el cachorro será muy suyo, pero no hay mejor compañero para princesas encerradas y abandonadas a su suerte-. Me asomé a la ventana y lo que vieron estos ojitos que Dios me dio, hizo que llevara mis manos al pecho para tratar de calmar los salvajes latidos de mi corazón.

Era él, síiiii ÉL!!!

Cuando nuestras miradas se encontraron, la distancia dejó de existir y nuestros corazones intercambiaron tiernas promesas de amor eterno.  No sé cuanto tiempo permanecimos así, quietos tan solo mirándonos, pudo ser una eternidad o tan sólo unos pocos instantes, pero no importó. Una vez más éramos él y yo. Nadie más. Sólo los dos.

De pronto el sonido de un carruaje acercándose al castillo rompió el encanto y con una última mirada, él volvió a su caballo y se alejó perdiéndose entre la espesura del bosque.

Eso era justo lo que necesitaba para recuperar el espíritu y los bríos que mis risos pelirrojos proclaman a los cuatro vientos.  Así que ni corta ni perezosa agarré las sábanas de mi cama y las empecé a cortar en tiras larguitas, luego mientras iba elucubrando el plan sobre la marcha, las iba uniendo de tal forma que al poco tiempo tenía una cuerda mas o menos decentona con la cual confiaba podía descolgarme desde mi ventana. Y el escape tenía que ser esta noche, porque ya lo había dicho sor Ángeles, mañana partiríamos al rayar el alba.

Así que aquí me tienen… colgada a la mitad de una pared de 30 metros y con Cuchulito asomando la cabeza del morral.

—Ya voy amado mío, pronto estaremos juntos.

Bueno, San Idelfonso del Corazón Blandito, ya va siendo hora que me des una manito!! 

jueves, 10 de junio de 2010

De Castos Besos y Temperamentos Encendidos


 
Cuantas veces habré escuchado a la nana quejarse con tía Rebeca:

—¡Pelirroja… tenía que salir pelirroja!! Ay Su Señoría, escúcheme bien, como que me llamo Adalcerta Jardilinia De los Santos y Muelas Cortas, algún día el genio de esta niña despertará y ese día ¡Dios nos coja confesados!, ese día arderá el castillo!!!

Pues ese día llegó.

Y puedo asegurar que ahora que mi temperamento despertó no podrá ser encadenado nunca mas!!

… tal vez mi declaración de independencia sería más efectiva si alguien más que Cuchulito estuviera presente, pero es difícil conseguir una audiencia numerosa estando encerrada en la habitación más alta de la torre del castillo, además hay que tener en cuenta que la mayoría de las damas de la corte continúan sin hablarme desde el atentado culinario de Lady Sheila. Si serán rencorosas, deberían estar agradecidas de que sus lenguas están menos inflamadas y ahora pueden comer papillas y sopitas.

Se preguntarán qué pudo hacer esta dulce criatura para verse –otra vez- encerrada en sus aposentos. ¿Es que no vieron el pasquín de Doña Zoila Lengüis du Viperine? Ahh ¿así que todos los ejemplares se han agotado? Como es de morbosa la gente.

Bueno no importa, igual se los voy a contar, así que acomódense que la historia tiene para rato.

Resulta que el día de ayer, Lady Sheila accedió a acompañarme a comprar lanas de colores para terminar la bufanda que estaba tejiendo. Por supuesto que no dije que la prenda en cuestión era para mi amado príncipe, si lo hubiera hecho les aseguro que la guerrera era capaz de atarme con mis trenzas, llevarme a cuestas cual fardo mal envuelto y encerrarme en mi habitación para luego tirar la llave al foso.

Así que fuimos a las caballerizas por nuestras monturas. Para mi mala suerte, el mozo de cuadra Cloroaldo estaba enfermo y en su lugar estaba… Adalberto, el infame paje buchón. Debí intuir que algo tramaba el enano maldito porque me dirigió una mirada taimada y calculadora antes de decir, con aire inocente más falso que una moneda de 40 maravedíes:

—El clima es estupendo para ejercitar a los caballos. Mis señoras podrían aprovechar para hacer una carrerita hasta el pueblo, tal vez así sepamos quién es la mejor amazona…

Como la guerrera no puede resistir un desafío, tan pronto salimos de los establos, me retó. Así que salimos a galope rumbo a la villa.

Debí recordar que mi silla de montar no estaba hecha para participar en ningún tipo de carrera, mucho menos en la versión medieval del Derby de Kentucky de la guerrera. No saben lo difícil que es mantener la imagen de lady elegante y chic, mientras tratas de aferrarte al caballo para evitar terminar tus días empotrada en algún árbol como George de la Selva.

En fin, cuando pensaba que tendrían que recoger mis pedacitos para armarlos después como un rompecabezas, alguien detuvo la loca carrera del caballo.

Mi corazón palpitaba salvaje, no se si por el susto o por los fuertes brazos que me cobijaban. No quería abrir los ojos por temor a descubrir que mi salvador no era quien yo esperaba. Pero no debí temer, era él ¿quién otro hubiera sido capaz de salvarme?

Cuando sus ojos se posaron en los míos no pude apartarlos. Todo se detuvo, los gritos alarmados de la gente que estaba en la plaza se acallaron en mi mente. Era como si sólo estuviéramos él y yo en el mundo.

Entonces ocurrió…sus labios encontraron los míos y me perdí, sí, me perdí totalmente. Olvidé quien era y en donde estábamos, dejé que mi temperamento de pelirroja enamorada tomara las riendas y me aferré a su cuello para beber de su boca y hacer de ese instante eterno. Bueno el instante no fue tan eterno porque de pronto fui arrancada de los brazos de mi príncipe y tirada nada ceremoniosamente sobre la grupa de un caballo, mientras escuchaba despotricar a la guerrera.

Debo admitir que mi falta de modestia se debió a que había leído el último libro de Tielle StClare, que Lady Rosana había introducido de contrabando en el castillo. ¡Ay! lo que me había perdido todo este tiempo por leer las novelas de la Cartland. Yo que pensaba que todo terminaba con eso de “depositó un casto beso en sus labios y fueron felices para siempre”. Nanay señoras y señores!! Ahora se lo que pasa después y no me conformaré con nada menos.

Regresando al relato de mis pesares, estaba segura que la guerrera no perdería tiempo para correr e informar a tía Rebeca sobre lo ocurrido. Y la verdad no veía forma alguna para escaparme de su ira.

Qué equivocada estaba.

Tan pronto llegamos al castillo, la guerrera me arrastró en silencio hasta mis habitaciones en la torre. Una vez ahí, me advirtió que no dijera ni una palabra de lo ocurrido para evitar que tía Rebeca montara en cólera y me hiciera usar uno de los tantos cinturones de castidad de su colección privada.

Que ingenua fui al pensar que los chismes no llegarían a oídos de la tía, debí saber que la vieja urraca de doña Zoila se las ingeniaría para hacerle llegar un ejemplar de “El Chisme tiene la Razón”

Cualquiera pensaría que luego de la contabilidad arrocera, la persecución ovejuna y la “cocina” de la guerrera, había tenido suficiente sufrimiento para toda una vida, pero nooooooo, nada de eso señores.

Tengo la espada de Damocles pendiendo sobre mi cabeza.

Bueeeno, no será Damocles ni su espada, pero si Sor Ángeles y su rosario. La monjita ha tenido la “brillante idea” de sugerir a tía Rebeca que para apaciguar mi descarriado temperamento, un tiempito con las hermanitas del convento de Santa Frígida del Silencio Perpetuo, no me vendría nada mal.

Para redondear el castigo debo rezar 567 rosarios completos y 348 novenas a San Blas de la “Lengua ligera”, a este paso estaré rezando ocho años, 2 meses y 8 días, para cuando salga seré una anciana de 24 años!!!!

Eso no lo puedo permitir, mucho menos ahora que probé las mieles de sus labios y él tuvo una pequeña muestra de mi pelirrojo temperamento.

Así que ahora, entre la humareda de las veladoras y con Cuchulito como única compañía, me encuentro devanándome los sesos para idear una forma de fuga. Porque lo haré!! Por los reliquias de santa Catarina del Corazón Atravesado, está niña irá por su amado!!!.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Alejen a la Guerrera de la estufa o ¡Sálvese quien pueda!

hhhhhhh!! A buena hora cruzó por mi mente la peregrina idea de tejer algo para que mi adorado tormento cubriera ese pechito acatarrado. Eso sin contar lo que me costó atrapar a la condenada oveja…

Aunque muy pronto entendí que mis padecimientos contando granitos de arroz y mis peripecias con la ovejita, no eran nada comparados con mis intentos de hacer una Lady de la guerrera celta.

Como ya es de conocimiento popular, Lady Sheila recibió el encargo de tía Rebeca de no dejarme sola ni un instante. La verdad, la imagen que proyecta es para hacer temblar hasta al más corajudo de los guardias del castillo, pero pienso que la guerrera no es mala gente, estoy segura que tras esos ojitos claros y bajo todo ese cuero de guerra, en el fondo…muy en el fondo, hay un alma tan dulce como la mermelada de sauco.

La verdad, hay momentos en que mi inquebrantable fe está a punto de salir volando por la ventana. Hoy por ejemplo, Lady Sheila me había regañado no sé ya cuántas veces por no prestar atención a lo que dice. Pero ¿qué tan divertido puede ser escuchar describir, paso por paso, las doscientas treinta y siete mil cuatrocientas formas que su pueblo tiene para cocinar las gachas de avena? ¡Dios! ¡Es que nunca oyeron hablar de los huevitos revueltos con tocino y jamón?

La verdad no debería quejarme, es preferible escuchar su larga perorata sobre el dichoso cereal a tener que probar lo que sus manitos cocinan…

Resulta que al ver a la pobre Lady Sheila más perdida que un pingüino de Humboldt en plena selva tropical, quise intentar hacerla encajar con las otras damas de la corte. Así que tuve la “genial idea” de sugerir que para su cumpleaños,  nos "deleitara" con algún platillo de su lejana tierra.

¿Quién me manda a abrir la bocota? Como decía mi abuelita “calladita te ves más bonita nena”, debí hacerle caso y coserme la lengua.
Pobre de mí, yo que pensaba que todo el asunto de la contabilidad arrocera era lo peor que podía haber sufrido…hasta que probé el “Lutefisk”… No fue hasta que comí un bocado de esa suerte de pescado fermentado y hervido con no sé qué cosas, que entendí el verdadero significado de la palabra tortura.

Resulta que el Lutefisk no es comida ¡Es un arma de destrucción masiva!. Solo diré que el Lutefisk es el intento vikingo de conquistar el mundo (la madre de Lady Sheila es de origen vikingo, eso sumado a la sangre celta que corre por sus venas, explica muy bien sus tendencias guerreras). Cuando descubrieron que las incursiones vikingas no les darían la supremacía mundial, inventaron una comida aterradora y cruel. El arma perfecta para aterrorizar a la gente y esclavizarla.

Así que, aquí estoy en mi habitación de la torre, sola y sin más compañía que Cuchulito, el cachorro de Lady Rosana. Espero que, algún día...snif,snif..., las damas de la corte me perdonen  por permitir a Lady Sheila asesinar sus papilas gustativas con el dichoso menjurje.

Mejor me pongo con lo del tejido, todo sea para que mi amado tenga con qué cubrir su real cogote…Uno derecho…lazada…uno revés…lazada, ¿o eran dos derecho y uno revés?...  ¿o dos lazadas y tres revés?

¡Martha Stewart ¿dónde estás cuando te necesito?!

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ir por lana y no salir trasquilada...

Al parecer mis novenas a San Torcuato el Cojo dieron resultado, porque pese a todas las torturas inventadas por tía Rebeca, las artimañas de Adalberto y el ojo de halcón de Lady Sheila, esta doncella tuvo acceso a valiosa información sobre su amorcito acatarrado.

Sucede que, esta mañana el cartero del reino pasó por el castillo. El bueno de Don Tesifón no sólo es el responsable del correo, también es conocido por poseer la lengua más veloz de la comarca, en pocas palabras, un buchón total. Gracias a sus dotes comunicativas, la gaceta "El chisme tiene la razón" perdió muchas suscipciones y está a punto de quebrar.
Cuando Don Tesifón llegó, me encontraba en la cocina del castillo, picando algunas cebollas para el almuerzo, con los ojitos hinchados y llorando cual Magdalena, en fin todo sea por cumplir con el estereotipo de la doncella sufrida y enamorada.
Bueno retomemos el relato que la cosa se pone buena...Tan pronto la cocinera lo invitó a sentarse junto al fuego, el buchón…digo el comunicativo cartero empezó a relatar las últimas noticias. La verdad mucha atención no le puse, porque andaba soñando con cierto caballero resfriado, hasta que algo de su informativa disertación llamó inmediatamente mi atención:

…preocupado…catarro…príncipe…¿Sería posible?


¡Sí! ¡Estaba hablando de él! ¡De mi amado! (Olvidé decir que mi adorado tormento es de noble cuna, no digo de sangre azul porque nunca me gustaron los pitufos y mucho menos los galanes chiquitos, panzones y celestes).

Resulta que su Ilustrísima el Obispo, preocupado por el catarro que padecía su invitado, el príncipe Andrés, había escrito a su hermana contándole los pormenores del asunto. Es menester decir que don Tesifón posee una vista de rayos x que sería la envidia de Clark Kent, por lo que no fue nada difícil obtener una transcripción completa de la reveladora misiva.

“…. El pobre muchacho ya andaba con el ánimo alicaído cuando se viene a resfriar. Últimamente la pasaba suspirando por los rincones, señal inequívoca de que alguna doncella capturó sus pensamientos.

Mucho me temo que se trata de la sobrina de la condesa, pobre muchacho, conociéndo a su Señoría, sería más fácil para un cojo bailar la Tarantella que el desdichado tenga la oportunidad de acercarse a la muchacha. Mucho menos ahora que la guerrera celta, Lady Sheila está a cargo de vigilar a la jovencita.

...pese al lastimoso estado catarral, conserva suficiente lucidez para darse cuenta que no podrá terminar con los arreglos de la iglesia en el tiempo estimado…no estaría mal si pudieras tejerle alguna cosilla que sirviera para abrigar al mozo enfermo, quizás una bufanda...”


¡Yahuuuuuuuu! ¡Piensa en miiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Y necesita una bufanda para cubrir su pechito, pobrecito.

Bueno, si mi príncipe necesita una bufanda, ¡a poner manos a la obra que hay una oveja que atrapar!

¿Qué tan difícil puede ser trasquilar a una pequeña oveja? Según recuerdo para Heidi nunca lo fue, y si una nena de 6 años puede con un lanudo de los Alpes, ¡una doncella habilidosa y enamorada no tendrá ningún problema! Así que...

“Olerei olerei hu hu…ven lobit...digo, ovejita, ¿donde estás? , ven que necesito tu lanita”.

jueves, 6 de mayo de 2010

De castigos y granitos de arroz

Dos días, sólo pasaron dos días desde que lo vi. Toda una eternidad.

Si no hubiera sido porque Lady Sheila me sacó casi a rastras de la iglesia, habría tenido la oportunidad de ofrecer mi pañuelo.

¿Es que nadie comprende?

Cuando una chica encuentra a su príncipe encantado debe tener la posibilidad de desplegar todos sus encantos para lograr que él quede prendado de ella, o al menos proporcionarle un pañuelito para limpiarse los moquitos.

Pero noooooooooo, a una la sacan a trompicones, tirando por la borda cualquier estrategia de seducción.

Seguro habrá pensado que soy una “Triple T” tonta, torpe y tarada.

¡TRAGAME TIERRA!

Humm, ¡que bien!, dos T más para la colección.

Ah!, pero algo que me enseñó la Tomazita, mi dulce abuelita, es que ¡una chica nunca se rinde!, y si ya le echó el ojo a un prospecto de futuro marido, no debe permitir que nada ni nadie la aleje de su presa…digo… del caballero en cuestión.

Es que se veía tan lindooooo, todo cubierto de yeso y estornudando sin parar… ¡¡todo un galán!!.

Debía averiguar cómo se llama aquel que me quitaba el sueño y como no podía recurrir a ninguna de mis amigas, me aventuré a llamar a Adalberto, el paje nuevo que tía Rebeca había contratado por ser el sobrino de la cocinera.

El brillo que repentinamente apareció en sus ojos cuando mencioné mi interés por el apuesto albañil, llamó mi atención, pero rápidamente deseché el mal presentimiento y le pedí que hiciera lo posible por averiguar el nombre del objeto de mis afectos.

Después de asegurar que sus pesquisas harían quedar como chancay de 20 centavos a la CIA, el FBI y la Interpol, salió más rápido que volando, dejándome con la esperanza de que pronto conocería el nombre de mi amado acatarrado.

Pero, pobre de mí, más pronto que tarde debí darme cuenta de lo ilusa que había sido.

Puedo asegurar que Paulina Rubio demora más en “cantar” (¿?) eso de “Míooooo, ese hombre es míooooo” de lo que el vil traidor tardó en ir con el chisme y desembuchar todo, con pelos y señales, a tía Rebeca.

Y ahora heme aquí, aquí heme, encerrada en la torre del castillo y… contando granos de arroz.

Algunas veces creo que la KGB debió contratar como consultora en jefe a mi tía querida, es que para inventar nuevos métodos de tortura la señora está pintadita!!

Según ella, el manual “Como asegurarse que su sobrina no caiga en las redes de príncipes acatarrados”, especifica claramente que el mejor método para prevenir tamaña desgracia es hacer que la descocada jovencita cuente el contenido de un costal de cincuenta kilos de arroz, granito por granito. Si no apaga las bajas pasiones, al menos tendrá arroz suficiente para hacer paella a la valenciana y alimentar a la aldea entera.

Así que…ciento cuarenta y dos mil cuatrocientos cuarenta, ciento cuarenta y dos mil cuatrocientos cuarenta y uno...

¿Cuantos granos de arroz puede contar una chica antes de usar el cuchillo para mantequilla y hacerse el harakiri?

¡Con Dios como testigo, juro que nunca pasaré hambre otra vez! …(Perdón, es que ayer me desvelé viendo el dvd de Lo que el viento se llevó).

Decía…¡Juro que el vil y rastrero buchón me las pagará!.

Doscientos tres mil cuatrocientos cuatro…



Ahhh me olvidaba, el nombre de mi amado es Andrés.

viernes, 30 de abril de 2010

Cuando la Princesa conoció al Príncipe

Parafraseando al señor Dickens, diré que no soy la heroína de esta historia, y que vine al mundo hace algunos inviernos, no diré cuantos, porque para ir acorde con el estilo ingenuo y romántico de mi querida Barbara Cartland, soy doncella virgen, casta y pura…ya saben, licencias que se toma el autor.

Váyanse acostumbrando porque, en estas crónicas encontrarán muchas de estas “licencias”. Vamos, que lo de casta y pura dura muy poco, así que no se preocupen.

Continuemos.

El héroe de este relato no es otro que Andrés, mi amado Príncipe. Valiente, romántico, dulce como la melcocha, no digo como el dulce de leche porque eso podría ocasionar un conflicto internacional. Él dice que su origen es uruguayo, Lady Rosana que es argentino y yo como buena princesa inca digo que es peruano, total, los españoles llegaron primero al Perú ¿no?

Volviendo al relato.

Esta tímida e ingenua princesa conoció a su adorado tormento una mañana soleada de febrero. Junto a otras damas de la corte asistía diariamente a la iglesia cercana al castillo, para ser instruida en todas aquellas cosas que dicen “toda dama virtuosa debe saber para desposarse con un hombre de bien”. Sí… como no…

Aquella mañana, al llegar a la iglesia, encontramos que la capilla estaba abarrotada de andamios y varios hombres trayendo y llevando piedras y herramientas. Al parecer, al fin se habían decidido a reparar el bendito techo que estaba a punto de colapsar. Ya iba siendo hora de que lo hicieran, estaba cansada de terminar como pollo mojado cada vez que llovía. Y últimamente llovía un día sí y…el otro también.

Estaba feliz porque, con las clases suspendidas, podía regresar al castillo a terminar de leer el último libro de la Cartland que una de las criadas del castillo había logrado introducir clandestinamente.

Me encontraba a punto de salir de la capilla cuando escuché algo que me hizo levantar la vista. En ese momento no supe que ese sonido cambiaría el rumbo de mi vida:

—¡Aaaaachissssssssss!

Ahí estaba. De pie sobre un andamio. Alto, cabellos oscuros, hermosos ojos y nariz colorada…Era él. Mi Príncipe acatarrado…